
Hace 63 años paso algo sumamente extraño en el beisbol moderno. Un jugador de color negro entro a jugar en un estadio de grandes ligas rompiendo de esta forma la barrera racial existente en todo el país norteño.
Era Jackie Robinson, con su número 42 en la espalda jugó aquel 15 de abril de 1947 para los Dodgers de Brooklyn y aunque no conecto hit ese día, logro anotar la carrera del triunfo.
No solo es la historia de un jugador negro en grandes ligas, es la historia de una figura especial, tenas, luchador por los derechos e igualdad social, un gran atleta y mejor beisbolista, es la historia del primer hombre negro en las Grandes Ligas, un buen jugador de color negro.
Jackie nació en Georgia en 31 de enero de 1919 siendo nieto de un esclavo y el más pequeño de seis hijos de un trabajador del campo, el cual abandonó la familia seis meses después de su nacimiento. Creció en Pasadena, California, pues su madre se mudó allí en 1920 para buscar un mejor futuro para sus hijos, y adonde tuvieron que convivir con la discriminación. Fue desde pequeño un obsesionado ganador en cualquier pasatiempo o deporte en el que participara, pues sobresalió en el Pasadena Junior College como atleta. Tiempo después ingresó en la UCLA, lugar en el que despuntó nada menos que en cuatro disciplinas deportivas: (Atletismo, Baloncesto, Fútbol Americano y Béisbol) de hecho, fue el primer atleta en la historia de esa institución en conseguir este logro.
Entro a las fuerzas armadas en la segunda guerra mundial donde consiguió el grado de segundo teniente. Pese a abandonar el ejercito con honores, la historia militar de Jackie tiene un momento desagradable cuando unos superiores le ordenaron por puro capricho que se sentara en la parte detrás del autobús donde viajaba situación que el desobedeció considerando que lo hacían como parte de otra de las discriminación a las cuales eran sometidos los negros en aquella época.

Ya como pelotero jugo en 1945 en las Ligas Negras para los Kansas City Monarchs en la segunda base. Mientras, en las Grandes Ligas, ya se respiraban nuevos aires. Happy Chandler, a diferencia del antiguo comisionado que era un racista, abrió las puertas a que jugadores de color se incorporaran.
Fue Branch Rickey, mandatario de los Dodgers, quien se acercó a Robinson para contratarlo. Primero estuvo en el equipo Montreal Royals, filial de los Dodgers, allí consiguió un promedio de .349, 40 bases robadas y ganó la Little World Series.
Luego de su debut en las mayores vendría la mayor prueba a la paciencia de Jackie. Según la revista deportiva Sports Illustrated, Robinson era objeto de epítetos raciales, cartas que contenían odio y amenazas a muerte, lanzadores tirando hacia su cabeza y piernas, y receptores escupiendo en sus zapatos. Encaró una rebelión abortada de algunos de sus compañeros, amenaza de huelga de los Cardenales de San Luis y gatos negros tirados al campo. A pesar de esta presión él mantuvo el control; por soportar todas esas burlas en silencio se ganó el respeto de sus compañeros y eventualmente, de sus contrincantes. Fue elegido como el Novato del Año.
En 1949 las cosas habían cambiado. Ya era animado por sus compañeros, umpires y los contrarios. Logró una temporada fantástica siendo elegido Jugador Mas Valioso de la Liga Nacional con un promedio de bateo de 342, 37 robos, 124 RBI y 122 carreras.
Igualmente resaltaba por su ímpetu, su bailoteo en las bases para desesperar al pitcher y su capacidad para ganar la atención del público. Entre sus marcas más importantes se encuentra la de haberse robado 19 veces el home. Motivó a los Dodgers lo suficiente para llegar a 6 Series Mundiales en las diez temporadas que fue parte de la institución y estuvo seis veces en el Juego de Estrellas. Al final de su carrera logró un promedio de bateo de 311. En diciembre de 1956 se trasladó a los New York Giants pero al mes anunció su retiro.
En la Serie Mundial de 1972 apareció nuevamente frente al público enfermo de diabetes y casi ciego. Murió días después el 24 de octubre.
Para celebrar los cincuenta años de su ingreso a las Grandes Ligas (1997) se le rindió homenaje retirando el número de su uniforme (42) de manera definitiva. Toda la temporada estuvo dedicada a su memoria.
Aunque el número de Robinson ha sido retirado en toda la liga, el lanzador latino Mariano Rivera sigue llevándolo debido a la "regla de abuelo", permitiendo que lo mantenga pues lo tenía antes de ser retirado.
Quizás pudo ser otro jugador el que rompiera la barrera racial, pero al destino se le antojó que fuera Jackie Robinson, una elección maravillosa y hoy 15 de abril vale la pena recordarlo como un grande y disfrutar al ver a todos los jugadores y umpires de la jornada de hoy en las Grandes Ligas, llevar su número, el 42 de Jackie Robinson.














